martes

Nunca lo entenderás. No, no lo harás porque para conseguir hacerte una ligera idea deberías ser de esas personas que no saben lo que quieren, que se pasan la vida imaginando situaciones en las que poder ser valientes y decir lo que sienten, sin importar lo que pueda pasar. De esas personas que lo único que buscan es que las quieran pero que tienen tanto miedo a sufrir que no dejan entrar a nadie. Ese tipo de personas que esconden tanto detrás de una sonrisa o de las que pasan por la vida de puntillas y con cuidado de no romper nada importante por el camino. Deberías pasar noches en vela preguntándote que has hecho para perderte tanto, y en qué momento del camino dejaste de ver tus propias huellas. Deberías parecerte un poco más a mi y un poco menos a ti. Y es que tu seguridad resulta sobrecogedora.

lunes


Llevaba tanto tiempo perdida que el sur parecía un buen lugar hacia el que ir. Y es en esa calle oscura que lleva al oeste de mis deseos, dejada de la mano de Dios, donde me encontré por fin. Sin caretas, sin mentiras ni puñales, sólo yo. Nada es tan doloroso como enfrentarte a lo que pudo haber sido, a las posibilidades de éxito que dejamos en honor al fracaso. Que irónica casualidad que me encuentre en un momento así, en el que las esperanzas se desvanecen y tantos sueños acaban a tres metros bajo tierra. El dolor a veces es insoportable, y las ansias me consumen demasiadas veces para mi gusto. Pero hoy, he recordado lo que es reír simplemente por el placer de hacerlo. Hoy, por fin he vuelto a ser yo, y no recordaba lo bien que se sentía. No me engaño, siguen los mismos problemas, las mismas dudas y quizás peores miedos, pero hoy la sonrisa me sale un poco más natural.

jueves

El dolor no lo encuentras en las grandes tragedias griegas, ni en las canciones de amor que nunca oyes. No está en la traición de un amigo, ni siquiera en esas tardes en las que el desamor sólo te lleva a abrazarte las rodillas mientras lloras preguntándote,¿por qué a mí?. El dolor lo encuentras en una cama. Una cama en la que lo que fue está tan difuminado que no sabes donde buscarlo. Una cama llena de la angustia del olvido, donde hace tanto tiempo que se perdió el norte, el sur, el este y el oeste. Desde donde ves a esas personas a las que tan vagamente recuerdas querer, pero que no son más que extraños en la niebla. Daría lo que no tengo por saber en qué piensas cuando miras al vacío, cuando ves esas cosas que nadie más parece ver. Reconocía la angustia en tus ojos cuando ese rayo de lucidez te alcanzaba de repente, sinceramente me alegro de no verlo ya. Porque no soporto ver como te das cuenta de lo que te consume, sabiendo que poco o nada puedes hacer para evitarlo. Porque quizás ha llegado el momento de decir adiós y me es imposible decírselo a quien tanto ha significado, a quien tanto ha hecho por nosotros.La memoria es traicionera, te recuerdo a duras penas, pero juraría que esta no eres tú, aunque difícilmente podrías serlo. La memoria es traicionera, ojalá fuera más amigable para poder pedirle que no te abandone.

martes


A veces quisiera dar marcha atrás en el tiempo, antes todo era más fácil. Quisiera que todo volviera a ser como antes y que volvieras a ser la primera persona a la que llamar cuando todo se desmorona. La distancia crea lagunas en nuestras anécdotas y no sé muy bien como cruzarlas en un bote que empieza a hacer aguas. Dime por favor si para ti es lo mismo, porque siento que los secretos no dejan de crecer. Dime por favor que tú también te estás dando cuenta porque tengo ganas de gritarte que dejes de oirme y empieces a escucharme. Las cosas cambian, esa cancioncilla no deja de repetirse una y otra vez en mi cabeza. Y quizás no es para peor, el cielo sabe que no cambiaría por NADA a esas personas que ahora forman parte de mi vida. Que me escuchan y me aconsejan. Que no paran de acribillarme a preguntas intentando derribar todas esas barreras que tanto me he esforzado en construir y que parecen empeñadas en echar abajo. Pero no puedo evitar echarte tanto de menos. A ti, que parece que cada vez estás más lejos te pido que vuelvas, no quiero perderte. Al resto, que saben los que son, con mil gracias me quedaría corta.
Me gusta mantener mis promesas, aunque me hagan daño. Si te digo que estaré aquí, significa que estaré, no hablo en vano. Tengo mil y un defectos y manías que deberían preocuparte. Nunca guardo la leche en la nevera ni me duermo sin comprobar que las ventanas estén cerradas. Hace tiempo que escribo pero lo mantengo como algo semi-secreto que pocos conocen. No me gustan las coles y me dan auténtico pánico las serpientes. Me gusta contar estrellas antes de dormir e imaginar cómo será la vida de las personas con las que me cruzo por la calle. Me siento sola más a menudo de lo que me gustaría, y prefiero sufrir yo a que lo hagan los demás. Tendía a confiar en exceso y eso me ha traído más de una dolor de cabeza. Mis estados de ánimo cambian con el viento y no sé decir que no cuando algo me hace daño. Te digo todo esto y quizás no me creas, no te estoy dando ninguna garantía. Pero, quédate con el principio, me gusta mantener mis promesas, aunque al resto del mundo no les importen.